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La era del yoísmo: el culto al ego


Publicada: 22-10-2018

Un problema que va más allá de la ansiedad y la depresión



La era del yoísmo: cómo el culto al ego nos ha vuelto insoportables

Presumir de vacaciones, exhibir la medalla del último maratón, autopromocionarse en “realities”. La presuntuosidad ha dejado de estar estigmatizada en la sociedad de las redes sociales. Sin embargo, los psicólogos advierten: "Es el mal oculto del siglo XXI"

 

 El culto al ego se ha convertido en un problema que va más allá de la ansiedad y la depresión. Los psiquiatras hablan de 'selfitis' para referirse a la obsesión por salir perfectos en las fotos de Instagram, que lleva a los jóvenes a operarse la dentadura, la cara o los pechos.

 

En el Mundial de Italia'90, Míchel marcó tres goles a Corea del Sur y lo festejó sobre el propio césped al grito de «¡Me lo merezco!». El gesto del jugador provocó sonrojo durante años en los corrillos futboleros, donde se interpretó como puro narcisismo. Ya no. Ahora aquel grito parece incluso inocente. Y no sólo porque superestrellas como Cristiano Ronaldo hayan llevado la celebración deportiva al límite de lo paródico, sino porque ese mismo «¡Me lo merezco!» está por todas partes, se escucha a todas horas y lo vocea todo el mundo.

 

Deportistas, políticos, directores ejecutivos, profesores de universidad, usuarios anónimos de Instagram, gurús del “tú puedes llegar a ser lo que quieras”, periodistas... Vivimos en la edad de oro del yoísmo. Nos encanta decirnos qué guapos somos delante del espejito. Hacernos selfis e imaginarnos como influencers.

 

¿En qué momento la vanidad se convirtió en parte fundamental de nuestra tarjeta de presentación? ¿Cuándo la autoestima mutó en presuntuosidad?

Y, sobre todo, ¿por qué el narcisismo ha pasado de verse como algo peyorativo a convertirse en una conducta normalizada, hasta el punto de que un ególatra de manual ha llegado a la Casa Blanca? «Vivimos inmersos en la era del éxito social, reflejado en la belleza exterior, la popularidad y el acceso a los signos de riqueza material», explica José Carrión, especialista en Psicología Clínica del gabinete Cinteco.

«También en la necesidad de mostrar una aparente felicidad consecuencia de todo lo anterior. Si le sumamos la difusión inmediata, constante y eficaz que nos facilitan las redes sociales, cerramos el círculo».

“Cómo quererse a uno mismo”

Buscar en Google Cómo quererse a uno mismo arroja más de 4,5 millones de resultados. Freud definió el narcisismo como un «estadío intermedio entre el autoerotismo y el amor de objeto». Eso fue hace justo un siglo.

Del psicoanálisis y la mitología griega hemos llegado a la trama de Black Mirror. Es decir, el narcisismo se ha convertido en un problema. Una preocupación que va más allá de los clásicos cuadros de ansiedad y los episodios depresivos asociados al desajuste entre expectativas y logros.

Julio Rodríguez, psicólogo, doctor en Medicina Molecular e investigador en la genética de trastornos psiquiátricos, admite que en su gremio se ha empezado a hablar de selfitis, «la obsesión por salir perfectos en las fotos de las redes sociales que lleva a los jóvenes a operarse la dentadura, la cara o los pecho con el único objetivo de conseguir más likes y más seguidores».

Otra patología es la dismorfia Snapchat, «un trastorno en el que los jóvenes se sienten mal por su imagen real, que no se corresponde con la que proyectan con filtros y arreglos de Photoshop, y les lleva a quedarse en casa por vergüenza de mostrarse tal y como son realmente.

Todo esto es una muestra de que, efectivamente, se nos ha ido de las manos», argumenta Rodríguez.

 

*fuente: El Mundo



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