28

NOV

Maximalista


Publicada: 28-11-2025

Delirios místicos, amorosos y 14 idiomas sin IA.



Rosalía publicó un disco maximalista de delirios místicos-amorosos con 18 canciones cantadas en 14 idiomas y se gradúa en la carrera de la artista pop global, escribe Ayelén Cisneros para RollingStone.

“Yo soy muy mía, yo me transformo”, cantaba Rosalía en Motomami, el disco de 2022 que la volvió masiva y un ícono de la cultura pop, a fuerza de deconstrucción del reggaetón, apropiación de la latinidad y una picardía para mezclar motores, pistolas, sakuras, juegos de palabras aniñados y algún momento cursi. En Lux, su nuevo álbum, emprende otro camino, hacia una nueva configuración, con una orquesta -la Sinfónica de Londres- que colabora en su raid de búsqueda de la verdad.

 

La cantante catalana parece haber vivido muchas cosas en los últimos años, algo así como andar en una moto a 180 km/h por la fama, el star system y una gira mundial de localidades agotadas. Conoció gente (así lo dice su Instagram), se enamoró, se desamoró y, probablemente, si nos guiamos por las letras de las nuevas canciones, se dispuso a desmalezar para encontrar lo que verdaderamente importa en la vida y en la música.

“Lux” es luz en latín, parece una obviedad, pero la intención de encontrar claridad está muy presente en este disco. Y qué mejor compañía musical a la hora de la búsqueda de lo trascendente que una orquesta llena de cuerdas que emanan drama y potencia. Que también pueden acompañar con suavidad, como una pluma, cuando es necesario. Este desborde musical -una clara demostración de presupuesto- es una opulencia que acompaña, no reclama protagonismo, aunque pegue sacudones en “Berghain”, el primer corte del disco, porque lo importante en este material son las letras.

Los movimientos

Así como hay luz, hay oscuridad, así como hay fragmentos de adoración a Dios, hay pena y hay un deseo arrollador en las 18 canciones del disco (si incluimos las tres exclusivas de la versión física, “Focu ’ranni”, “Jeanne” y “Novia robot”). En el juego de los contrastes, Rosalía despista: ¿habla de Dios o de un tipo? Las canciones marean, de repente hay recogimiento y de repente pasión. Rosalía parece preguntarse dónde está el amor. Y parece responderse a sí misma: en Dios, en una persona o en la música, en todos lados. En ese sentido, es interesante que en el video de “Berghain” muestre a la música como fantasma que la persigue por cada momento de su vida, como un pensamiento intrusivo.

 

El disco tiene cuatro movimientos. Y aquí aparece un primer problema. Como toda enumeración, una busca la razón de esa división y no parece tan claro qué sentimiento prepondera entre los movimientos, como si hubieran sido armados de forma caprichosa. Porque, en realidad, la base del disco es jugar a que lo divino y lo terrenal convivan, un vaivén constante de climas y temáticas.

En el movimiento I lo que invade en la lírica es la pulsión de vida, hasta el exceso, y también ciertos espacios para lo divino. Arranca con “Sexo, violencia y llantas”, donde hay un piano. Canta: “Primero amaré el mundo y luego amaré a Dios”, y el coro funciona como una apertura a lo celestial. Piña certera al mentón.

 

Luego viene “Reliquia”: las cuerdas aparecen en un viaje por el mundo donde las ciudades y los recuerdos sugerentes construyen un mapa de educación sentimental. La nostalgia acecha, pero sin solemnidades: “Perdí mi lengua en París, mi tiempo en LA, la sonrisa en UK”, “un mal amor en Madrid (¡El mal querer!)”, “en PR nació el coraje y el cielo nació en Buenos Aires”. Y un espacio para la fragilidad: “Pero corazón nunca ha sido mío, siempre lo doy, seré tu reliquia”.

 

En “Divinize” comienza el intercambio de idiomas, que no va a parar hasta el final del disco. Combina catalán con inglés y una percusión que recuerda el ritmo del corazón. De nuevo, la pulsión de vida. Rosalía se entrega sin miramientos: “Yo sigo viva, más viva que nunca”. Los idiomas suenan bien juntos, la musicalidad de las lenguas acompaña la de la canción.


Sigue “Porcelana” donde canta en latín, inglés y japonés y brevemente aparece una voz masculina no identificada porque no hay confirmaciones oficiales (¿será la misteriosa y esperada colaboración con Frank Ocean?). De a momentos el flamenco aparece como sonoridad y los fans de El mal querer celebrarán este reencuentro con el género que vio nacer a la figura de Rosalía.

En “Mio Cristo” surge el italiano y suena perfecto para la canción. “Mi cristo llora diamantes, mi cristo endiamantado”, y aparece la pregunta: ¿le habla a Dios o a un ser amado que canta música urbana y se viste con diamantes? Quién sabe, quizás son lo mismo, no importa.

El movimiento II incluye a “Berghain” y la ópera irrumpe en escena. En ese sentido, el alemán calza justo en la musicalidad, ya que es uno de los idiomas preponderantes en la ópera como género. A esta altura del partido, sorprende la ductilidad de Rosalía para los idiomas y la pronunciación. En los tiempos que corren es menester decir que sin retoques de IA...

 

Es curioso que se haya elegido este tema como primer corte del disco. Es sumamente caótico y no tiene el formato de canción con estrofas, estribillo y puente. Primero hay una explosión de cuerdas, luego Rosalía canta operísticamente en alemán, se calman las cuerdas y cambia al español, y ahí surgen los colaboradores, dándole extrañamiento y más enrarecimiento al tema, ¡como si no alcanzara con lo anterior! Björk, élfica en su bosque musical, canta que hay intervención divina; y luego el remate de Yves Tumor de violencia y deseo arrollador diciendo: “I’ll fuck you till you love me”, en repeat. Esta locura expandida es un gran aporte al barroquismo general del disco. Cabe aclarar que las siguientes colaboraciones del disco son de bajo perfil, sin aportar grandes sentidos a las canciones, a diferencia de la cantante islandesa y el músico y productor estadounidense.

 

En este segundo movimiento las navegaciones del amor la llevan a los extremos: la declaración de amor y la canción despechada. Aquí entra en escena “La Perla”, con frases dedicadas a alguien al que trata de “terrorista emocional”, y que incluye la colaboración de Yahritza y su esencia. En “Mundo Nuevo” el flamenco aparece de nuevo y en “De Madrugá” se fusiona con un beat electrónico que lo enrarece. Esta última canción es una versión de un tema que Rosalía ha cantado en vivo, pero nunca había editado.

En el tercer movimiento hay dramatismo y la búsqueda de la redención. “La Yugular” comienza como una canción de amor y luego se convierte en una deriva alrededor de lo infinito del mundo, con un recitado in crescendo. “Sauvignon Blanc” es la balada definitiva del álbum, que bordea la cursilería sin cruzar el límite, ya que modera el tono de la cuestión amorosa nombrando marcas a las que renunciaría por amor casi en broma (Jimmy Choo, Roll Royce).

 

En el cuarto movimiento, Rosalía se mueve entre la nostalgia y la muerte, y va de lo terrenal para ir a lo divino de nuevo (el ascenso a los cielos). “Novia Robot” (exclusiva de la versión física del disco) es disruptiva porque empieza la orquesta y tiene un comienzo que simula la grabación de una publicidad de la electronic puchaina, una mujer-objeto de la que luego la canción se diferencia con una frase de empoderamiento femenino un tanto loca: “Me pongo guapa para Dios, nunca pa ti ni pa nadie, solo guapa para mi Dios”.

En la “Rumba Del Perdón”, vuelve el flamenco a escena, colaboran Estrella Morente y Silvia Pérez Cruz, y el feminismo se va al carajo: la protagonista le perdona todas las machiruleadas al varón que se va a comprar cigarrillos (“toíto te lo perdono”). Y al final del disco, lo jugoso, “Memória”, que comparte con Carmihno, y “Magnolias”. La búsqueda de lo trascendental la lleva a pensar en la muerte, en lo que va a pasar cuando no esté, en el paso del tiempo. Cierra contundente el misticismo: “Y yo que vengo de las estrellas, hoy me convierto en polvo para volver con ellas”.

 

 
 
 
 
 
Ver esta publicación en Instagram
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida por Corta (@somoscorta)


 

Luego de tanta sobreestimulación, Lux nos deja una idea. Una mujer se convierte en artista pop, conocida en todo el mundo y en tres años compone un disco gigante. Rompe con lo que la hizo exitosa globalmente (su versión del reggaetón y los ritmos latinos), sorprende a todos llamando a una sinfónica para hablar de sus desamores y su relación con Dios, se inspira en mujeres y santas, retoma su flamenco amado y lo vuelve a versionar, y se expande hacia otras fronteras. Todo para buscar su verdad. ¿Inspirador para otras mujeres/feminidades? Muy probablemente. No será un disco para escuchar todos los días, ni en cualquier momento, ya que es muy intenso y requiere paciencia. No sabemos si con su nuevo delirio Rosalía encontró la verdad, pero sí que, en el camino, se graduó de artista pop global.

fuente: RollingStone

LUX cuenta con ROSALÍA como productora ejecutiva y ha sido grabado con la Orquesta Sinfónica de Londres, con la participación de Björk, Carminho, Estrella Morente, Silvia Pérez Cruz, Yahritza e Yves Tumor. Las ediciones en CD y vinilo incluyen tres temas exclusivos.



« Volver





La estación FM © 2018 - Todos los derechos reservados
Powered by Bigarmedia